Contingencia

Motivaciones para la Iglesia en 2022

Todos necesitamos cambiar y para quienes se consideran creyentes esto no es solo una necesidad, sino un deber. Pueden ser cambios dramáticamente evidentes, cómo vicios ocultos, o bien, cambios más difíciles de reconocer como la envidia, la incapacidad de perdonar o simplemente el desarrollo de buenos hábitos. Cualquiera sea la esfera, una cosa es cierta, y es que necesitamos cambiar, y el alcance de este cambio lo expresa claramente el Apóstol Pablo en la carta a los Efesios:

“hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo

Efesios 4:13

Así que, no importa la magnitud del cambio (si pequeño o grande), podemos establecer que todo cambio en dirección a Dios es bueno y todo cambio en la dirección opuesta es malo. Dicho de otra manera, cualquier cambio que me acerque a la imagen de Cristo será bueno (porque le glorifica) y todo lo que no este en esta línea es malo, aunque el cambio en apariencia sea bueno. Un cambio aparentemente bueno, fue el caso del joven rico, que aunque desde su juventud incorporo cambios en su vida con el cumplimiento de la ley, al examen de Jesús, esos cambios no estaban en dirección hacia Dios, sino hacia una suficiencia personal contraria al carácter de Dios.

Supongamos que tienes un joven con mal carácter, o con muestras evidentes de orgullo, o poco servicial. ¿Cómo le ayudarías a cambiar?. Una manera sería darle tiempo hasta que sea más adulto y se de cuenta solo de que su conducta es contraria a su fe. Otra forma sería incluirlo mas en el grupo y esperar que el milagro ocurra, pero hay una alternativa mas, qué tal si ayudamos a estos jóvenes intencionalmente “Enseñando, reprendiendo, corrigiéndo e instruyendo” Este es el patrón de 2 Timoteo 3:16 y es un llamado a tomar enserio nuestra tarea de liderar (o pastorear) a nuestros jóvenes.

“Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia” 2

Timoteo 3:16

He aquí el asunto. Todos nosotros, no tenemos problemas en predicar a cerca de la suficiencia de la escritura desde un púlpito o en alguna exposición grupal, pero a la hora de conversar o aconsejar a nuestros jóvenes, la mayoría de las veces (y me incluyo), negamos la suficiencia de la palabra aconsejando desde nuestras buenas intenciones o desde nuestra comprensión del contexto de la situación (trasfondo familiar, lo difícil de su vida, lo delicado de la situación o lo poco relevante para nosotros). Pero lo cierto es que si estamos  en el ministerio juvenil, no es para otra cosa que para ayudar o influir en nuestros jóvenes a cambiar en dirección a Dios. Así que aquí les dejo lo que creo que puede ser una pequeña aplicación de 2 Timoteo 3:16 a un patrón de consejería:

Primero: Enseñar. Consideremos esta palabra como la demanda de los escrituras por mostrar a nuestros jóvenes que todo problema de conducta, carácter, motivación o decaimiento espiritual, primero es un problema que debe resolverse con Dios y luego con el resto de las personas. A quien primero ofendemos es a Dios y si no estamos a cuentas con el, entonces no sirve de nada cambiar hacia el resto de las personas (aunque sea con el celo del joven rico). Lo segundo, es que la palabra tiene el poder y es suficiente para ayudarnos a vencer todo pecado y hacernos crecer en santidad.

La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma.

Salmos 19:7

Segundo: Redargüir. Esto significa rebatir el error, así que toda incapacidad o ganas de progresar en los cambios (o santificación) debe ser puesto en el lugar correcto. El problema de no cambiar, es mas serio de lo que parece y se puede describir como pecado.  Juan 3:20 dice: “Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas”. Así que, básicamente si no quieres cambiar viniendo a la luz es porque amas mas tu pecado y eso te hace permanecer en tinieblas lejos de la Luz (que es Cristo). Ahora, esta confrontación por su puesto debe ser siempre amorosa y ejercida con paciencia, pero es un elemento necesario en el proceso. “Hasta que no derribes, no puedes reconstruir”

Tercero: Corregir. A pesar de que esta palabra puede entenderse con uno peso negativo, mas bien, tiene la idea de corregir como quien restaura una pintura, con delicadeza y precisión. Así que lo que queremos en este punto es ayudar al joven (luego haber puesto las cosas en orden o enseñándole su posición frente a Dios, y redarguyendole si fuere necesario) a corregir aquellas cosas que deben cambiar porque son derechamente una afrenta a su identidad en Cristo. Esto podría ser similar a hacer obras dignas de arrepentimiento (Mateo 3:8).

Cuarto: Instruir: Finalmente, estamos listos para ayudar al desarrollo de hábitos y conductas que fortalezcan la vida cristiana y den honor y gloria a Dios. Desde la manera en que comprendemos la vida, la fe, la iglesia, el servicio en el reino y todo lo tenemos y somos. Este es el terreno propicio para incorporar nuevos hábitos y desarrollar las disciplinas espirituales; todo a la luz de la palabra de Dios y con la ayuda del Espíritu Santo.

Puede ser que esto hay sido mas que un devocional, pero tengo confianza de que si esto despierta el interés de nosotros en prepararnos, animarnos y profundizar mas la forma bíblica de ayudar a nuestros jóvenes hacia la santificación, entonces cosecharemos una generación de hermanos fuertes y maduros para tomar nuestros lugares en el ministerio juvenil y en la sociedad.

Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno.

1 Juan 2.14